viernes, 7 de agosto de 2009

Invierno

El pueblo se intimida y durante esos días no se habló de otra cosa. Dos crímenes distintos pero con rasgos de saña que les da un virtual parecido. Dos mujeres jóvenes, con hijos, una de ellas embarazada. Tenemos la impresión de que quedamos a merced de la peste, de un frío inusual y de la maldad desaprensiva de los forasteros.
Los minutos desde entonces son páginas de un periódico nuevo en el que las noticias se pregonan con voz al cuello entre los barrios y los negocios del centro. El auto, las prendas, el rastro de un sospechoso, el aljibe yermo. Luego los videos, las declaraciones de familiares, el complicado último, la detención de un marido.
La constitución no indica que haya un “cuarto poder” que sea la sumatoria de los tres primeros y entonces el articulista no sojuzga tampoco. Apenas si refleja la perplejidad de otra coincidencia posible: ¡sendos tan prójimos…!
La peste cesó sus flechas, el frío amainó en su empeño y completos de congoja y de propósitos nuevos cada cual quedó otra vez a merced de su apartado destino. Los dioses presiento aún no parecen estar convencidos porque quizás no entendemos: el mundo no es “lejos”, el mundo no es mucho más monstruoso que nosotros mismos.

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